sábado, 30 de noviembre de 2013


Comentario acerca de “Amarás a Dios Sobre Todas las Cosas”, de Krzysztof Kieslowski.



José Miguel B. Ávila

Este filme cinematográfico del director polaco, Krzysztof Kieslowski (1941-1996), es la primera parte de un decálogo desarrollado por el mencionado cineasta. Este decálogo trata principalmente el sentido de la vida y la religión, llevando cada una de las piezas componentes de este trabajo, el nombre de un mandamiento. 

“Amarás a Dios Sobre Todas las Cosas” narra una pequeña parte de las vidas de Pawel, un niño en plena infancia, y su padre, un amante de la computación de ideologías marcadamente distantes a la religión
.
Continuando con mi comentario, a partir de la muerte accidental de Pawel, la estabilidad ideológica, esa tan característica del padre, colapsa.
Ciertos aspectos, cómo el hecho de que él mismo (el padre de Pawel), había asegurado que el lago congelado donde su hijo habría de patinar era seguro, o la tinta derramándose sin existir una explicación coherente, influyen en el cambio de pensamientos que experimenta el dolido padre.

Comentándolo en clase, la mayoría de mis compañeros contestaron, a la pregunta de la maestra “¿Entonces el papá de Pawel si creía en Dios, o porqué asiste a la iglesia después de la tragedia?”, que evidentemente, el papá de Pawel siempre tuvo dentro de sí la religión, sólo que esta “prueba” de vida, le abrió los ojos y al fin pudo definir su postura… A lo que yo refuto con total seguridad; A mí parecer, el ateo, o lo que sea que fuese, con anterioridad había definido su posición frente a la/s religión/es, con argumentos que personalmente considera válidos, influidos por vivencias, ideas, lo que sea. Lo relevante es que no considero que el señor sencillamente haya decidido destapar su religiosidad, y asistió a la iglesia en busca de perdón por jamás haber aceptado su postura o para que su hijo descansara en paz, no. Mi idea es que, a raíz del suceso tan amargo que rompe la cotidianidad de la vida del padre, sus emociones y estabilidad también se desploman de manera sobresaliente.

Así que, en conclusión, el hombre herido ante los sucesos que la vida le arroja, asiste a la iglesia en un acto de debilidad, en un acto de irracionalidad, buscando únicamente desahogarse, buscando sentir mejoría, a llorar a su hijo, a intentar calmar su dolor. Y asiste a ese lugar porque, basándonos en las conversaciones que antes sostuvo con Pawel y con su hermana (Irene), era el más adecuado, tal vez este argumento parezca un poco iluso de mi parte, pero considero que en verdad decidió acceder a aquella iglesia porque era el lugar más “contextualizado”, por así decirlo, en ese momento.

A manera de resumen, repito que, en lo personal, creo que el padre no es religioso por el simple hecho de asistir a la iglesia y mojar su frente con el agua bendita, sino que ese acto es sólo un reflejo de debilidad, y tras la pérdida de ese equilibrio característico del individuo en cuestión, causado por la muerte de Pawel, el padre del niño pierde la coherencia y busca calmar la situación, trágica situación.

Me pareció una película de muy buena calidad, sin ser pretenciosa o contar con una producción millonaria, logra su objetivo y mantiene al espectador atento en todo momento.

Grande Kieslowski. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario